Qué pasaría si… viera mi propia muerte

Más de uno alguna vez ha visualizado, en la imaginación, en sueños, cómo serían los segundos, minutos, horas, días posteriores a nuestra muerte. Dejando de lado cuestiones místicas una simple sucesión de hechos podían reflejar cómo se invierte nuestro legado.

Yo imagino mi muerte de forma tranquila, en una simple cama lejos de un hospital, quizás en casa propia, soñando en aquel momento y enlazando con mi ida para siempre. Veo a mis seres queridos, muy pocos, contados, al lado, unos soltando alguna lágrima, otros saliendo fuera de la habitación, y abrazándose mientras yo los veo con cierto pudor y dolor contenido.

No tendría una despedida tradicional, sin tanatorios donde exponerme como pieza de museo, y sin la típica ceremonia católica que acompaña normalmente a nuestros muertos. Veo mi funeral de manera íntima, poca gente, siempre poca gente porque nunca he sido de grandes dispendios sociales. Sé muy bien quién lo sentiría más y quién menos, no siempre los que imaginamos o serían lo más lógico.

Un funeral que sería una despedida dialogada, yo dando las gracias sin voz y ellos hablando de mi de forma generosa casi siempre, con mi música, la música que siempre ha sido la banda sonora de mi vida acompañando sus palabras. Esa canción, Fanny, de mis Bee Gees presidiría mi ceremonia junto a tantas que han sido una compañía discreta a lo largo de mi vida.

Esta gente, mi gente, estaría junto a mi cuerpo sin vida, en un simple ataud, sencillo, diciéndome adiós y yo a ellos mientras la vida sigue a su ritmo, nada ni nadie se detiene. En esta ceremonia laica no hay simbolismos ni palabras vacías, solo ellos, palabras y música, solo eso.

Y veo la desaparición corpórea quemando mis restos, incinerados sin dejar rastro. Nunca he querido un nicho, un lugar donde recordarme excepto en la memoria y alma de cada uno. Mis restos no serían parte de ningún sitio sino de ellos, poquita gente que guardaría una parte de mi en el lugar que ellos deseen.

Veo mi adiós de forma natural, quizás con cuentas pendientes pero sin rencores, para qué? No tendré un legado digno de ser recordado, ni hijos, ni nietos, solo mi forma de ser que a algunos les habrá bastado, a otros sin duda no, pero sobre todo viendo a los míos, sí, repito, ya sabéis quiénes sois, felices, contentos y viendo su vida tal como siempre hemos deseado.

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